jueves, 15 de noviembre de 2012

Apuntes sobre ¿inseguridad?




Hace poco más de un mes me robaron en plena calle. Me arrebataron la cartera y con ella mi celular, mis llaves, mi billetera con documentos, tarjetas y la foto carnet que me gustaba tanto. Lo que más lamenté fue la cartera. Una linda cartera artesanal, de cuero firme, que poco deben haber valorado los ladrones.

Aunque en realidad, lo que más lamenté fue tener que hacer la denuncia (trámite obligatorio para recuperar documentos y tarjetas), sabiendo que esa denuncia engrosaría las estadísticas con las que los políticos de turno fundamentan sus "políticas de seguridad". Porque ante la pregunta del funcionario policial (que se encargó de hacerme saber que “no era policía”, sino estudiante de abogacía) acerca del aspecto de los ladrones, tenía ganas de responder: ambos rubios, de ojos celestes y tez clara, vestían chombas de piqué, zapatos náuticos y pantalones de lino color crudo. Sí, tenía ganas de responder eso, para no tener que decir que eran de tez morena, ojos oscuros, pelo corto y pantalones anchos. Porque sabía que mi descripción les daba letra a los que después se quejan de “los negros chorros” y exigen contra ellos "mano dura". Sabía, insisto, que mi denuncia pasaría a engrosar esa estadística nefasta que los medios monopólicos repiten hasta el hartazgo.

No fue lindo que me robaran y todavía me asusta un poco andar sola de noche por calles poco transitadas. Pero no escribo este artículo para hablar de eso, sino para reflexionar sobre ese tema tan en boca de tantos, que es “la inseguridad".

En la marcha del 8 de noviembre pasado (a la que no fui por muchas razones que ya describí en otra oportunidad), entre las poco disimuladas muestras de rencor y odio de clase, las consignas golpistas de los secuaces de Pando, los incoherentes pedidos de "que se vayan todos" para que venga "noséquién", había muchos que pedían por mayor seguridad. Es decir: que disminuyera la inseguridad. Y muchos habían sido víctimas de esa inseguridad que el gobierno nacional no está sabiendo resolver, según las opiniones de los que se animaron a hablar ante los pocos micrófonos que se les brindaron. Muchos pedían "mano dura". Con otras palabras, con eufemismos de todo tipo, lo que pedían eran más policías, con mayores libertades para reprimir el crimen, de la forma que fuera necesaria. Pedían eso sin reparar en nada, sin reflexionar mínimamente en los porqués de esta tan publicitada inseguridad.

Y acá quiero hacer un paréntesis para explicar por qué hablo de “publicitada” inseguridad. Una de las citas más repetidas por los “tele-manifestantes" (acabo de bautizar así a los que en una manifestación repiten en sus “consignas” lo que escuchan en la televisión) fue la tan criticada frase "sensación de inseguridad”. La gente estaba indignada porque según ellos el gobierno no reconoce que hay inseguridad y, por el contrario, habla de una “sensación de inseguridad”. ¿Por qué el gobierno habla de sensación de inseguridad, si todos los días vemos en la tele que hay robos, asaltos a mano armada, atracos de todo tipo, cada vez más y más violentos? ¿No ve televisión el gobierno nacional, que está tan mal informado? ¿O será que en la tele están siendo un poquito exagerados con esto de la inseguridad, para generar un clima negativo y de miedo en la sociedad? Me pregunto, por preguntona nomás. Entonces, como soy curiosa, me puse a investigar. Con ayuda de Google pude encontrar varias estadísticas, de diferentes consultoras, de diferentes países. Encontré una que es citada por varias páginas: una estadística realizada por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, que se define como una "red apartidista, laica e independiente" surgida de la sociedad civil mexicana. En esa estadística, que pueden ver haciendo click aquí, están enlistadas las 50 ciudades más peligrosas del mundo. Y ¡oh sorpresa!, en toda la lista no figura ni una ciudad argentina. Sí figuran, en cambio, varias ciudades mexicanas, brasileras, colombianas, venezolanas y hasta estadounidenses (cuatro). También hay ciudades sudafricanas (como Johannesburgo, que es la última en el ranking), pero ni una ciudad argentina. Creo que con esto alcanza para dejar en claro a qué me refiero con esto de la "publicitada inseguridad".

No quiero negar la inseguridad. Empecé esta nota contando que me robaron. Podría agregar que hace unos tres meses me habían robado la bicicleta y que conozco a mucha gente a la cual le robaron más de una vez. La inseguridad existe. Es algo con lo que tenemos que lidiar cotidianamente. No la niego, pero la quiero relativizar y, sobre todo, poner en discusión.

Quisiera discutir con algunos de los tele-manifestantes acerca de este tema. Quisiera preguntarles si se pusieron a pensar un minuto en algunas cosas que resumiré en forma de preguntas:
- ¿Se preguntaron alguna vez de dónde viene la inseguridad? ¿Están seguros de que la ecuación “más policías = menos inseguridad” es correcta?
- Y cuando hablan de los "negros chorros", ¿se pusieron a pensar alguna vez en lo que eso significa, en el enorme acto discriminatorio que esas palabras materializan?

Me gustaría intentar responder estas preguntas. Y aclaro que las respuestas salen de lo que yo llamo "mi sentido común", es decir que no tengo libros leídos sobre el tema, ni he realizado ningún estudio al respecto y todo lo que sé lo sé por experiencia personal, por escuchar a otros o, simplemente, porque trato de no dejarme llevar por "lo que dice la gente en la calle", sino de ir un poquito más allá, detrás de las razones.

No hay que ser muy instruido para darse cuenta de que la inseguridad es el resultado de una ecuación un poco más compleja que la de “menos policías = más inseguridad”. La ecuación de la que resulta la inseguridad es la de un sistema donde reina  la desigualdad, es decir  "más desigualdad = más inseguridad". Pero además vivimos en un sistema que no sólo propicia y exacerba hasta el límite una desigualdad estructural y criminal (sí, la desigualdad es criminal, no el pibe que roba), sino que propicia hábitos de consumo enfermizos y peligrosísimos. En este sistema algunas personas gozan de los beneficios de pertenecer a una determinada clase social privilegiada, poseen educación, lo cual les abre las puertas al mercado laboral, con lo cual pueden ganar dinero y, por ende, comprar sin mayores problemas todo lo que se les antoja. Y mucho de lo que se les –“se nos” – antoja, es aquello que vemos diariamente en las publicidades. El sistema discrimina. Pero el mercado no discrimina. A todos lleva su mensaje de "compra y serás feliz". En este sistema, el mercado tiene libertad absoluta para hacer creer a todos, hasta al más pobre de los pobres, que adquiriendo tal o cual producto puede ser feliz... aunque sea por un ratito. Ahora bien el que pertenece a esa clase privilegiada, "incluida", puede comprar sin problemas. ¿Y los que no? ¿Y los excluidos? ¿Ellos, cómo adquieren esos productos prometedores de felicidad inmediata? Señor cacerolero, señora cacerolera, ¿se pusieron a pensar en esto cuando reclamaban mayor “seguridad”?

Y con respecto a lo de "negros chorros" también quisiera hacer algunas reflexiones. En nuestro país, que siempre se creyó "el más europeo de Latinoamérica", hay una población descendiente de los pueblos originarios que supera ampliamente a la población “blanca”. A pesar de que durante un siglos nos hicieron creer que "los indios" eran parte del pasado, lo cierto es que los descendientes de esos mal llamados "indios" están más vivos que nunca entre nosotros, reivindicando su origen, peleando por sus tierras y reconociéndose miembros de esas comunidades ancestrales que el hombre blanco, con su sangrienta "civilización" no pudo eliminar del mapa para siempre, ¡por suerte!. ¿A qué voy con todo esto? En pocas palabras quiero decir que los “blancos” son minoría en este país. Y el que no lo crea así, le pido por favor que salga y sé de una vueltita por las provincias del norte, por la Patagonia mapuche, el Litoral y también por los suburbios de cualquier ciudad capitalina. No, no me voy del tema. Lo que quiero es relativizar esta idea, tan generalizada, de que todos los ladrones son “negros” (o morochos o como quieran llamarlos). Señoras y señores: en nuestro país la mayoría somos negros (y me incluyo, aunque mi piel diga lo contrario, porque lamentablemente no heredé la tez morena de mi bisabuelo indígena). Pero sucede que la minoría blanca fue siempre la preferida de nuestros gobernantes, que en eufemísticas “campañas al desierto” (un desierto paradójicamente más poblado que cualquier ciudad patagónica actual) asesinaron a los pobladores originarios y que invitaban a los anglosajones a poblar estas tierras, por creerlos más laboriosos que "los indios vagos”. La minoría blanca que pudo prosperar gracias a esa discriminación fundacional de nuestro país resumida en los términos "civilización o barbarie" es la que hoy sale a la calle a reclamar por penas más duras contra los "negros chorros" que se atreven a querer acceder, a como dé lugar, a los beneficios del dinero que las minorías supieron conseguir para sí. Y sí, las estadísticas confirmarán siempre que en un país donde la mayoría de los pobladores tienen tez morena, lo más probable es que la mayoría de los delitos sean cometidos por personas con esas características, ¡simplemente porque son más! Pero si hablamos de delitos y si vamos a ser tan puntillosos con el análisis estadístico, podríamos hacer otra estadística donde salga a la luz otra realidad innegable, y es que la mayoría de los delitos de evasión fiscal son cometidos por la minoría de tez "blanca". ¿Qué piensan de estos delitos los caceroleros?

Creo que mis apuntes se hicieron un poco extensos. Agradezco a los que hayan tenido la paciencia de leerme hasta acá. Todo este palabrerío no es más que un intento de reflexión acerca de temas que, me parece, se mencionan constantemente desde una peligrosa y tendenciosa superficialidad. Porque a muchos les conviene que nadie se ponga a pensar en todas estas cuestiones. A muchos les conviene que la gente tenga miedo y salga a pedir mano dura. Hay muchos que quisieran que vuelva Roca a hacer de las suyas. Lo sé, porque en mi ciudad convocaban a la manifestación del 8N repartiendo folletos con la cara de este nefasto personaje.


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