domingo, 29 de abril de 2012



Empecé un blog. 
Esta vez va en serio. 
Aunque ya no esté de moda, porque facebook acapara toda la atención, voy a saldar esta cuenta pendiente conmigo misma.
¿Para qué un blog? No sé muy bien todavía, pero creo que es para que no se me escapen, como tantas otras veces, algunos pensamientos, algunas imágenes, algún recuerdo. 

Los pensamientos que ocupan últimamente mi cabeza tienen que ver con un viaje que hice hace diez años y que voy a repetir, en circunstancias muy diferentes, dentro de muy poco.
La idea es plasmar en estas páginas (¿se dice "página" o "pantalla" cuando se publica por este medio?, no estoy segura) algunos recuerdos de aquel viaje y lo que vaya viviendo, reviviendo, revolviendo en este.
Para no seguir haciéndome la misteriosa, trataré de resumir en pocas palabras el contexto de aquel viaje y el contexto de este. Ahí va...

Diciembre de 2001
La historia conocida: desempleo, crisis, cacerolazos, represión, presidentes que huyen en helicóptero, presidentes por un día, o dos, indignación, desesperanza, "que se vayan todos".
Y yo intentando conseguir un trabajo en Córdoba, donde vivía desde marzo, donde había empezado a estudiar Bellas Artes, donde me había separado de mi novio del secundario, donde había conocido a Fede, con quien me puse de novia, donde alquilaba con Agos un departamento por 250 pesos (dólares) mensuales, donde con 16 pesos (dólares) mensuales comprábamos en el Minisol tres o cuatro bolsas de mercadería (de la más barata, por supuesto), donde más de una vez juntamos las últimas moneditas para comprar un paquete de galletas que salía 50 ó 60 centavos (pero nunca pasamos hambre, mamá, así que no llores en esta parte, ¿si?), donde había empezado para mí un capítulo de mi historia que de alguna manera siento que estoy cerrando recién ahora.
Mi hermano Máximo vivía hace un par de años en Inglaterra y mi hermano Alejando estudiaba en Alemania, donde vivía con su mujer y su hijo de 3 años, Julio. Ellos me invitaron a ir a Europa a trabajar. Viviendo con Ale o Máximo no tendría que pagar alquiler y podría ahorrar para retomar mis estudios al año siguiente -ya no de Bellas Artes, sino de Lengua y Literatura Castellana-.
Junté coraje, junté algunas cosas imprescindibles como la música (todavía en casetes), algún libro, alguna foto, junté muchos besos de Fede para que me alcanzaran por el tiempo indefinido en que me iba (tenía pasaje de ida solamente), metí todo eso en mi mochila de 70 litros y partí un 14 de abril desde la terminal de Córdoba, sentada en el primer asiento de un colectivo semicama. Desde la ventana panorámica veía alejarse las figuras de Fede, Agostina y Sergio, que me fueron a despedir y se quedaron parados en la plataforma mientras el colectivo retrocedía. Después, por arte de magia de amigos magos, aparecieron en el boulevard del otro lado de la terminal, agitando los brazos para que los viera.
No tengo recuerdos demasiado nítidos de cómo llegué a Ezeiza, supongo que en algún colectivo. No recuerdo si fui con alguien o no, creo que no, porque no recuerdo haberme despedido de nadie en el aeropuerto. Sí recuerdo a las familias enteras que despedían a sus padres, hijos, hermanos que, como yo, se iban del país en busca de trabajo. La última sala antes del preembarque parecía un velatorio. La tristeza que se respiraba ahí era insoportable. Tampoco recuerdo mucho del vuelo. Llegué al aeropuerto de Zurich donde tomé un tren que me llevaría a Konstanz, la ciudad al sur de Alemania donde vivía mi hermano Ale.

Post data: No pude hacer un resumen, así que lo seguiré en la próxima. 

1 comentario:

  1. Nati, felicidades por el blog, quiero seguir leyendo tus relatos de aquel 2001.
    ¡Hasta la próxima entrada entonces!

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