Lo más hermoso de una mujer, o mejor dicho de cualquier persona, son
los ojos. No el "contorno de los ojos", tan mentado por las cremas anti
age, sino la mirada de los ojos, la luz de la mirada, lo que la persona
dice con la mirada.
Hace un tiempo que el Parkinson se apoderó
de mi abuela. Primero fue el temblor y ella hacía chistes: "Puedo
desparramar mejor el queso rayado". Pero después el
temblor se convirtió en rigidez y el cuerpo se fue convirtiendo en
cárcel. Justo ella, tan inquieta, tan buscadora de respuestas, presa de
ese cuerpito que se fue achicando y se fue poniendo cada vez más duro. Y
justo ella, tan inquieta, tan buscadora de respuestas, supo hacerle
frente al encierro y siguió moviéndose: con la mirada. Hasta que el
Parkinson se apoderó de su ojos y los músculos de los párpados ya no
respondían a sus ganas de mirar.
Nos dijeron que el botox podía
ayudar. ¿El botox? ¿Ese que usan las modelos para no envejecer? ¿El de
las actrices, el de Susana y Mirta? Mi abuela, que jamás necesitó
maquillaje de ningún tipo porque siempre fue naturalmente bella,
necesitaba botox. Si el botox podía devolverle la mirada, entonces
cumpliría su función, porque lo único que necesitaba mi abuela para ser
la mujer más hermosa de la tierra era poder abrir los ojos.
"Vas a tener menos arrugas que yo, abuela", le decía mientras la llevaba
al hospital. "Vas a quedar mejor que Mirta y Susana", le decía,
sabiendo que a mi abuela eso no le importaba mucho. Nada que tuviera que
ver con la belleza superficial le importaba. Porque a ella siempre le
importaron las cosas que no tienen respuesta y las otras, las simples,
las de todos los días, como recibir a los nietos con un rico tiramisú,
desprolijo, porque nunca fue muy amiga de las manualidades mi abuela, la
filósofa. La filosa filósofa que nunca dejó de preguntar y preguntarse.
Dicen que el botox borra arrugas, líneas de expresión y le devuelve al
rostro la piel tersa de la juventud. Y aunque no creo en nada de eso,
debo admitir que con mi abuela el botox cumplió su función, porque le
permitió volver a mostrarnos lo más hermoso que tiene y lo que más joven
conserva: su mirada, desde donde se brinda, se nos brinda, con ese
hilito de vida luminosa que todavía le queda.